Carmen Rodríguez Acosta

 

En el barrio del Realejo se instaló la particular villa-estudio del pintor granadino José María Rodríguez Acosta conocida como Carmen Rodríguez Acosta, recinto donde se entremezclan con gran orden y continuidad la arquitectura y la jardinería, distribuyendo las diferentes alturas y los volúmenes prismáticos del conjunto en varias terrazas ascendentes, debido al gran desnivel del terreno en que se alza. Este carmen de planta cuadrada y ordenada por una trama ortogonal fue iniciado gracias al malagueño Ramón Santa Cruz, quien en 1916 realizó ya las líneas iniciales de sus volúmenes y los primeros planos, ideando una obra historicista. Pero aparece definitivamente en 1920, promovido e inspirado por el sueño individual de su verdadero autor, el pintor que le da nombre y quien inicialmente lo dedicó exclusivamente a su estudio particular para la creación, nunca a vivienda, motivo por el cual carece de ámbitos para habitar como comedor, dormitorios, cocinas, etc.

 

Fue diseñado y construido como obra colectiva por un escultor amigo, Pablo Loizaga (quien también intervino en su decoración y ornamento), y varios arquitectos: Teodoro de Anasagasti (a quien debe una composición mejor articulada que la inicial, gracias a su conocimiento de la arquitectura protoracionalista procedente de la Secesión Vienesa y a la dimensión simbólica de los dibujos de sus proyectos ideales, realizados entre 1909 y 1912, cuando era uno de los más avanzados arquitectos españoles), José Felipe Giménez Lacal (uno de los más cualificados arquitectos locales en su época, que intervino aquí desde 1924) y Modesto Cendoya. En la actualidad es sede y residencia de la Fundación que lleva su nombre, establecida y dotada a la muerte de su promotor en 1941 para fomento y protección de las Artes y de las Ciencias como estipuló en su legado testamentario, y desde 1983 acoge además el Instituto de investigación Gómez-Moreno, ubicado en un edificio anejo que proyectó como ampliación más abajo del primero el arquitecto José María García de Paredes. Asimismo, incluye una importante biblioteca con ricas encuadernaciones y un notable archivo, además de conservar una gran colección de obras de arte, fruto de la pasión de su fundador, que en realidad configuran un museo de piezas arqueológicas, pinturas y tallas barrocas de importantes artistas como Alonso Cano, Zurbarán y Ribera; y una colección pictórica de autores españoles de los siglos XIX y XX.

 

En este edificio racionalista (uno de los más importantes en Granada tanto por su propuesta teórica como por su resultado práctico, declarado Bien de Interés Cultural y receptor de la atención de numerosos críticos, historiadores, estudiosos y amantes del Arte de varios países) alternan las líneas rectas con las semicirculares, predominando el paramento de color blanco, lo que hace que popularmente se le denomine “Carmen Blanco”, y que contraste y se relacione visual y dialécticamente con el cercano castillo rojo de la Alhambra. Armoniza características fundamentales de variada procedencia, como los volúmenes nazaríes, las composiciones clásicas, o la incorporación de elementos antiguos (su portada de piedra caliza, que se trasladó desde la que decoraba originalmente una casona solariega en Úbeda, así como algunas columnas y capiteles que lo decoran), pero conjugados en un lenguaje unitario y de vanguardia. Entre ellos destaca la puerta principal compuesta en su mitad inferior por grandes sillares de cantería en los que se labraron un gran arco semicircular decorado en sus dovelas con listones al estilo de Vandelvira y en su clave con una ménsula vegetal, mientras que incluye sencillos tondos en sus impostas. Este ingreso se desarrolla entre huecos semicirculares rematados por pequeños capiteles pareados, sobre su dintel se grabó el nombre de la Fundación y encima aparecen cuatro ventanas rectangulares con rejas, que nada tienen que ver con las racionalistas situadas entre columnas del segundo piso.

 

En su interior destaca, tras franquear el preceptivo zaguán, el vestíbulo en la planta baja, un espacio tripartito con cuatro columnas blancas, encuadrado en los laterales de dos pórticos y cubierto por un asiento-lucernario. El centro lo ocupa una pequeña fuente con surtidor y en un lateral se ubica una escalera de caracol (en tonos blancos, negros y grises, se desa­rrolla alrededor de un machón central que remata la escultura de un torso femenino), que conduce a la planta superior de doble altura, donde se encuentran el primitivo estudio propiamente dicho y la Biblioteca-Museo (donde se incluye una colección de diversos objetos artísticos procedentes de los numerosos viajes realizados por el pintor). Los hermosos jardines aterrazados del carmen, que responden a un plan simbólico y a los que se accede desde el mencionado recibidor mediante una fachada compuesta por un arco y una escalinata, configuran varios ambientes y se enlazan entre sí en diferentes planos conectados por medio de numerosas y quebradas escaleras típicas de la arquitectura musulmana, mezclándose en ellos los árboles y las plantas (particularmente cipreses, que compiten en altura con el propio edificio) con los elementos escultóricos y arquitectónicos (tales como pérgolas, columnas clásicas y nazaríes, un cenador, albercas, un sepulcro monacal, grutas-criptas, pilares y fuentes).