El barranco del Poqueira es la imagen más fotografiada de la Alpujarra y la estampa típica de la región. Además, lo es por méritos propios ya que reúne todos los condimentos esenciales para quien hace una incursión en la comarca granadina: naturaleza exuberante, arquitectura vernácula, artesanía rescatada, servicios turísticos, importante red de senderos… El barranco del Poqueira es un verdadero ‘surco’ –del latín porca-porcae– de agua de este caudaloso río de montaña que se despeña e irriga con generosidad huertos y bosques, aporta la energía necesaria para el desarrollo de sus pueblos y da unidad a un valle declarado conjunto histórico desde 1982.

Si cientos de personas siguen viniendo aquí para pasar una simple jornada o sus vacaciones, por algo será, a pesar de las envidias de otras zonas de la Alpujarra. Nunca callejear por los pueblos blancos fue tan recomendable como hacerlo por este ramillete de pequeñas urbes en donde cada calle, cada recoveco ofrece una sorpresa al viajero: una vista espléndida, un gato sobre el terrao, el encuentro fortuito con algún campesino que viene de su huerta, el golpeo rítmico de las tejedoras, el bullicio tranquilo de bares y terrazas, el sonido del agua que desciende…

Itinerario
Subir al barranco del Poqueira es entrar de lleno en la Alpujarra por su carretera principal. Desde Órgiva hasta Capileira son 20 kilómetros, de curvas eso sí, y 1000 metros de desnivel con impresionantes vistas.

Una ruta que se acerca al tranquilo Carataunas, se desvía para conocer Soportújar y entra en el valle del Poqueira por el viso del Padre Eterno para descubrir la trilogía urbana más universal: Pampaneira, Bubión y Capileira.