El Cerro de la Encina

En lugar estratégico, cerca del agua y con control de las vías de comunicación, que seguían, fundamentalmente, los cursos de los ríos, se sitúa este poblado argárico (2000 al 1450 a.C.) de Monachil, que será, más tarde, utilizado por los hombres del Bronce Final hacia el año 1000 a.C., existiendo, entre ambas, una fase de abandono, a causa de un incendio. Presentaba, además, facilidad de acceso a las minas de plata y cobre de Sierra Nevada.

El elemento central del poblado, en torno al cual se distribuía el hábitat, es una potente fortificación que ocupa gran parte de la meseta superior, con dos puertas, y reforzada por muros paralelos: se han localizado tres recintos defensivos de distintas épocas. Este “bastión” tiene forma rectangular (15×8 metros) y sus muros están construidos con piedras, seguramente del cercano cauce del río, unidas con mortero de barro.

Las viviendas se localizan alrededor de esta estructura, situándose en terrazas escalonadas cuyos frentes estarían asegurados por muros de mampostería que servirían de fondo a viviendas de forma rectangular. Por supuesto, estos datos se refieren a los vestigios argáricos ya que, en lo tocante al Bronce Final, cambian las características urbanísticas: las cabañas pasan a tener planta ovalada que, abandonando las terrazas, se sitúan de forma dispersa, adaptándose al terreno y con zócalos de piedra de escasa entidad –se abandona, pues, el uso masivo de la piedra- sobre los que se alzarían paredes y cubiertas de barro y ramas.

Las sepulturas se sitúan en las viviendas, generalmente en covachas laterales excavadas en la roca y cerradas con laja de piedra o muro de mampostería, aunque se han documentado sepulturas en cista o en fosas cavadas en el suelo. Este yacimiento presenta la singularidad de albergar enterramientos múltiples –dobles e incluso triples-, siendo habitual encontrar los restos más antiguos desarticulados y arrinconados en el fondo.
 

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