Situado a 1.600 metros de altitud en la comarca de la Alpujarra, el Centro de Retiro Budista Osel Ling está orientado a la práctica de la meditación en soledad. Está dirigido por una monja budista española y en él residen unas diez personas. Desde la atalaya de este antiguo cortijo se divisa el pico Mulhacén nevado y los pueblos blancos del barranco de Poqueira: Capileira, Pampaneira y Bubión. Un lugar perfecto no sólo para budistas, sino también para quienes necesitan una cura antiestrés, liberarse del mundanal ruido y reencontrarse consigo mismos. El aire es puro y la paz absoluta. 

Para ir allí, primero se toma desde Granada la carretera de la costa y luego hacia a Lanjarón, Órgiva, y Carataunas. Desde allí y a unos cuantos kilómetros, justo al encontrar a la derecha de la carretera la Ermita del Padre Eterno (una ermita pequeñita   y  blanca), sale a la izquierda un carril mal asfaltado que lleva a Puente Palo, y del que transcurridos unos kilómetros sale un carril de tierra a la derecha, en curva de 180º, que lleva al centro budista. Una vez en el carril, hay señales que indican la dirección correcta.
Los alpujarreños lo llaman ‘Joselín’, aunque su particular nombre, que en tibetano significa Lugar de Luz Clara, se lo puso en 1982 el Dalai Lama, que convirtió el lugar en un pequeño centro de meditación y descanso. O Sel Ling es uno de los veinte centros de enseñanza budista que existen en España. El espacio está formado por 30 cabañas individuales a las que acuden quienes desean encontrarse consigo mismos. Es uno de los más de 20 centros de dharma (enseñanza) que existen en España y, como el resto de santuarios, está enclavado en un entorno natural de singular belleza y misticismo, aunque éste tiene la particularidad de estar situado en una zona de excepcional altitud, que le confiere ese paralelismo  con el lugar ideal, en este mundo, para los budistas: El Tíbet, con las ventajas de la benevolencia de su clima suave mediterráneo.
 
En la subida, merece la pena divisar el Barranco de Poqueira, Sierra Lújar o el Rif de Marruecos en días claros. A la entrada, un cartel ruega al viajero que se atenga al horario de visitas (de 3 a 6 de la tarde) y que deje su coche y sus ganas de hablar fuera. Un sendero de piedrecitas guía por un camino inequívoco hasta lo que era antes un cortijo abandonado y sobre el que se construyó hace 25 años la casa que alberga la sala de meditación, donde se ha sentado el Dalai Lama o el patio en el que está colgado el gong que avisa de forma sosegada a los huéspedes del inicio de los cursos.
 
Por el camino, se encuentra la Rueda de las Oraciones, objeto sagrado relleno de miles de millones de mantras (sonidos) de la compasión. Siempre siguiendo el sendero marcado se halla una estupa, el monumento típico budista que simboliza el camino hacia la iluminación. 
 
Todavía quedan algunos minutos hasta llegar al centro neurálgico de O Sel Ling, el lugar donde vivió el pequeño O Sel durante algunos años de su vida y que saltó a la fama en 1986 por ser el primer niño español en ser reconocido oficialmente por el budismo tibetano como la reencarnación de uno de sus lamas. 
 
Las cabañas, perfectamente integradas en el paisaje y alejadas unas de otras para favorecer el retiro, pueden ser alquiladas por los visitantes a un precio módico. Los huéspedes se despreocupan a partir de ese momento de todo lo que no sea meditar, como la elaboración de las principales comidas o el acercamiento de la leña en invierno. Uno de los lugares preferidos es una pequeña explanada donde se divisa el Barranco de Poqueira, pero también sorprende de este bello emplazamiento el paisaje envuelto en bruma y la visión del mar en días claros a primeras horas de la mañana.
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