Su grandeza no se ve sólo desde cualquier rincón de Alhama de Granada, también se puede admirar desde todos los pueblos y parajes de la comarca. Dicen esto algunos de los alhameños y casi que no se equivocan. La iglesia de la Encarnación, su poderosa torre, sus portadas y su interior -con todos y/o a pesar de los vaivenes del tiempo- son un orgullo arquitectónico e histórico para este pueblo del poniente granadino y por extensión -aunque a veces parezca reiterativo- de todos los vecinos de la provincia de Granada.

Por muchas vueltas que se den en Alhama, nadie se pierde, la torre de la iglesia mayor de la Encarnación siempre le indica al caminante cómo orientarse. Los historiadores fijan esta torre, con bastante probabilidad, sobre la mezquita mayor y la construcción del templo hacia finales del siglo XV e inicios del XVI. Después se sumaron a estos espacios construcciones como la de la sacristía y pasaje que la comunica con la iglesia -estilo barroco- y la portada del lado izquierdo -de estilo neoclásico-.

Su estructura general es gótica, con una sola nave de amplias proporciones bajo bóvedas estrelladas de nervadura y potentes contrafuertes en el exterior. A la parte gótica del templo se añadieron después elementos de estilo renacentista, como el coro y los cuerpos superiores de la torre, y el detalle de la portada meridional ya citada. Y tras algunas de estas construcciones llegó uno de los momentos en que el templo sufrió uno de los daños más importantes. Fue allá por el año 1884 cuando el terremoto y posteriormente también ha habido más desgastes.

Las capillas

Las única nave se cubre con bóvedas nervadas, diferentes en los tres tramos en que se divide, siendo la situada a los pies del templo la más sobresaliente, según recuerda el Gabinete Pedagógico de Bellas Artes en la difusión de este monumento. A ambos lados de esta nave se abren capillas y curiosamente las del lateral izquierdo son poco profundas, en contraposición con las del derecho que son de más amplitud. La primera del lado derecho al hacer el pasadizo elevado que comunica la iglesia con la sacristía, que se hizo en el siglo XVIII al otro lado de la calle y que en el exterior -también interior- llama la atención de quienes la ven.

La capilla mayor, de planta ligeramente ochavada está situada en la cabecera en el piso bajo de la torre. La que sin lugar a dudas sobresale en todo el conjunto monumental. Se cubre con una bóveda de terceletes, abriéndose a la nave a través de un arco apuntado y sobre el escudo de Fray Hernando de Talavera y arco decorado carpanel con puntas de diamantes, para descargar el peso en la torre.

En esta descripción «técnica» se debe continuar el recorrido hacia el coro, al que se accede a través de una amplia escalera. Con balaustrada de madera torneada se levanta sobre columnas de capitel jónico, en las que apean tres arcos carpaneales moldurados, con acanto en la clave y en las enjutas de los escudos del arzobispo Fernando Niño.

Antes de salir a la calle, de entre los elementos que hubo para el culto se conservan algunos como el púlpito gótico-mudéjar. La colección de piezas de orfebrería y de vestir se integran en el museo. Curioso.

Para poder entrar a ver todos estos trazos artísticos y arquitectónicos se puede acceder por dos portadas que dan acceso al interior. Una, en la portada lateral derecha, que se sitúa sobre otra gótica; la otra, la izquierda, es neoclásica. De otro estilo distinto es el otro elemento del exterior que más se ve, la torre. Es renacentista. De los cuatro cuerpos que tiene, sólo los tres últimos presentan decoración, aunque dicen que escasea en los distintos vanos. En el cuerpo de campanas se sitúan los escudos del arzobispo Pedro Guerrero y el de Carlos V.

Considerada como la primera iglesia consagrada en el Reino de Granada, la Encarnación se «ha adecentado» recientemente. Restauración que afectó especialmente a tejados, cubiertas y limpieza de parte de la piedra.

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