La muralla de la Alhacaba, de 350 metros de longitud y 24 torres, está recientemente restaurada y librada de adherencias vegetales. En el corazón del Albaycín, este magnífico lienzo que se abre a nuestros ojos, es la cerca que cerraría la ciudad más primitiva desde la puerta de Monaita hasta la de las Pesas.

 

Haciendo un ejercicio de imaginación, podemos percibir la ciudad del siglo XI y XII. Para ello, desnudemos de caserío todo lo que quedaría desde la muralla hacia dónde estamos y convirtamos la cuesta de la Alhacaba en un barranco con su orografía pura. La ciudad se apiñaría con sus pequeñas casas desde la muralla hacia el este, donde estaría el palacio de Badis, probablemente en el solar que hoy ocupa el palacio de Dar-al-Horra, que desde aquí nos enseña su fachada y ajimeces. Otro lienzo, hoy desparecido, iría desde la puerta de Monaita hasta la de Elvira.

 

La construcción de una muralla queda claramente constatada en el pacto entre los habitantes de Elvira y los ziríes, recogido en las memorias de Abd Allah:

 

“Estamos dispuestos [dijeron los ziríes a los habitantes de Elvira] a no imponeros tributos, con tal que gastéis ese dinero en lo que os concierne, es decir, fortificando vuestra ciudad y reclutando entre vosotros milicias de infantes, pues, si no lo hacéis, siempre habrá una brecha por la cual pueda entraros la desgracia”.